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Ceuta...Color y brisa de marullo constante

March 11, 2017

          Visitamos Ceuta en ese afán de buscar espacios que nos alejen de nuestra cotidianidad, es así como más de 25 fotógrafos llegamos a ese pueblo pintoresco a orillas del Lago de Maracaibo. Los pobladores nos recibieron cual parientes cercanos que traen la buena nueva de la ciudad, sin temores y menos aún sin sobresaltos. Mi primera conversa fue con el señor Ángel Díaz,

 

dueño de la bodega oficial del pueblo, surtida con unos pocos productos de consumo diario, los cartones de huevo, las bolsa con el pan, entre los que están a la mano, pero como toda tienda no podían faltar los frascos de vidrio con tapas blancas, que contienen los tesoros mas preciados.

          Me hace recordar cuando era niño y llegaba corriendo a la tienda del señor Victor Tello, en plena avenida El Milagro, justo a una cuadra de Palermo, la casa mágica de mi abuela. Cierro los ojos y viene a mi mente, ese olor  de las paledonias y los suspiros entremezclado con los provocativos orejones y las impelables galletas de huevo. Como olvidar  las populares chinelas guajiras, guindadas a todo lo ancho del lugar, que también sumaban su olor particular.

          "Aja muchacho que vais a llevar"? "me da 6 panes salaos, 1/2 litro de leche , dos bolones, y una uvita Grapette para tomar aquí, se recuerda de la ñapa".

          El hombre de andar pausado con camisa blanca arremangada y pantalones de caqui, destapa el mágico frasco sacando las dos bolas de dulces, con toda su santa paciencia lo tapa y abre el segundo envase, relleno de caramelos de coco envueltos en papel encerado, para repartirles a todos los muchachos su merecida ñapa.

          "Carricito, aquí tenéis tu mandao y me saludáis a la Sra. Elena".

          Hoy siento que conectas especialmente con la gente a través de tus historias de vida...

          Los pobladores de Ceuta son afables, espontáneos y abiertos, supongo que el sonar del marullo constante con la brisa generosa del Lago, les libera de las preocupaciones urbanas y viven la vida al momento y con alegría, como lo vemos en los colores vivos con los que pintan sus casas. 

          No es casual que me sienta seducido con este colorido poblado y su genuina gente, de no mas de 50 palafitos a orillas del Lago, ya que en mis primeros años de niño vivi en una casa tipo palafito llamada "Colonia Martín", ubicado entre lo que hoy es el terminal de lanchas de Pequiven y Canalizaciones, a merced del gran Coquivacoa.

          Gran parte de mi vida he estado de frente a ese querido y relajante Lago Marabino, hoy como todas las mañanas lo aprecio desde la ventana con los brazos en alto para cargarme de su energía vital.